Queridos Blogcinos (Dios, qué cutre suena):
Llegaba yo tranquilamente del tugurio en el que llevaba 8 estresantes horas cuando se me anunció que iba a ir al teatro esa misma noche. En un principio me preocupé, pues tenía un examen, que, para mi alegría y fastidio, no se realizó.
Como, con un poco de lucidez habréis podido adivinar, fui a ver el musical Spamalot, más o menos inspirado en la película de los Monty Pithon Los Caballeros de la Mesa Cuadrada y sus locos seguidores.
El rey Arturo, junto con su fiel críado-simulador de caballo, recluta para la búsqueda de el Santo Grial a los siguientes caballeros: una especie de mezcla entre Ken y Barbie, un tipo... como lo diría Garfield: "Ancho de huesos" y bastante flatulento, un cobarde llamado Sir Robin y, por último pero no menos sorprendente: Sir Lancelot (Sir Lanzarote), que, si no me equivoco, se liaba con Ginebra, al final resuta ser gay.
Por si fuera poco, tenemos también a La Dama del Lago y sus coristas particulares, las Laker Girls; y a unos maestros franceses en el arte de insultar gracias a los que llegué a llorar de la risa (os lo juro, me tuve que quitar las gafas y todo).
Cuando legué a casa, más o menos a las 11 y media, pensé que pese a que no había abierto el libro, había valido la pena, pero ya veis, estoy en racha.
Terminando (POR FIN), os diré que es una parodia que hay que tomarse a cachondeo y que está llena de paridas, sí, pero por lo menos paridas graciosas, y ultimamente de eso andamos cortos.